La distancia solo son números, y además de joder, nos hace más fuertes. Si un amor a distancia no funciona es porque no es amor. "Ay, ¿por que te lo buscas tan lejos?" No lo busqué, estabamos destinados a estar juntos. Yo no lo siento lejos... Está a mi lado, siempre. "Con la de tios que hay en el mundo..." Yo no quiero ningun otro. Yo lo quiero a él. No sé lo que sería capaz de hacer si algún día me falta. La sensación que me produce sentir sus brazos abrazandome... Tenerle a centímetros, mirarle y que sonría. Una sonrisa causada por mi. Eso es lo más bonito del mundo...
“Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, las que convierten un bostezo en una sonrisa, las que hacen latir el corazón ante las equivocaciones y los sentimientos”
Y perdernos por Granada y encontrar sonrisas, y el trocito que me falta y que tú haces nuevo cada día. Y jurarte amor eterno, y robarte un beso en cada esquina e inventar mil planes y regalarte a ti los mejores años de mi vida. Y no pierdo la partida, me aposté con la distancia nuestra suerte y aunque aun me quedan ganas, me he guardado varios ases en las mangas. Es que no quiero perderme ni uno solo de tus dulces arrebatos cuando de pronto me odias, porque no quise parar con mis tonterías.
Robando luz con la mirada con aires de despreocupada y siempre, siempre sonriendo, siempre tan atareada. No sabe contar historias, no se entiende con la lógica, ella es mágica y melódica. ¿Sabes qué? Que me han dicho que anda lejos el paraiso, y yo sé que está en tu boquita escondio’. Ábreme la puerta de tus laberintos y que me lleve a tus abismos. Besarte, mirarte, rozarte y que tu tacto escriba en el momento exacto, en braille sobre mis costuras, los secretos del placer. Perderme, encontrarte y encontrarme, sentar las bases de tu arte para garabatearme enterito el corazón… Ya lo sabes, me tienes como hipnotizada, inestable y desbocada, fuera y dentro de este cuerpo que no se acostumbra a nada. Ni al sabor de tus heridas, ni a los lados de tu cama, ni al color de tus ideas, ni a tu sonrisa pagana.